October 19th, 2009
Una tarde de Agosto del año 2007, mientras trabajaba en el jardín, la voz interna comenzó a hablarme repitiendo dos palabras en ingles. Divine Times, Divine Times, decía la voz a la que yo conocía muy bien.
Tiempos Divinos es el nombre del libro que se me dicto a lo largo de varios meses.
Aunque al principio solo escuche esas dos palabras que no tenían mucho sentido, durante los días siguientes la voz comenzó a dictarme lo que parecía ser una serie de mensajes que por sí solos no constituían un libro.
Como es bien sabido, yo no soy escritor, y el hecho de que se me dictase algo que debería compaginarse y publicarse en forma de libro, según se me dijo en una de las comunicaciones, me aterrorizaba.
Cuando yo escucho los mensajes, lo que ocurre es un poco extraño. Swami me dice algo y yo, sin darme cuenta, le contesto. A veces le pregunto varias veces lo mismo hasta que estoy seguro de haber entendido correctamente lo que El me está diciendo. Entonces, comienzo a escribir. Curiosamente, hay lugares en donde la comunicación parece ser más fluida que en otros. Por ejemplo, los sábados a la mañana, mi amigo David Jenkins y yo atendemos un negocio de reciclado de materiales de construcción. Puertas, ventanas, madera en general y toda clase de elementos que recolectamos, se ponen para la venta en un gran galpón del siglo diecinueve, propiedad de David.
Este lugar es especialmente receptivo. O quizá sea que porque estamos haciendo algo bueno para ayudar al planeta, Swami me premia hablándome constantemente, no lo sé. Hay días en los que tengo que disculparme con los clientes porque no puedo dejar de escribir. Cinco, seis y a veces hasta diez páginas de tamaño oficio se llenan de mensajes que generalmente me llegan en ingles. Más tarde, una vez en casa, Cristina me ayudara a descifrar mi manuscrito, ya que aunque soy bastante prolijo, como Swami me habla muy rápido, a veces no entiendo lo que yo mismo he anotado.
Así es entonces como nació el libro y como me llegan todos los mensajes que recibo casi a diario. Algunas de estas comunicaciones se archivan hasta que se puedan utilizar, y otras se publican en el momento, según Swami lo decida.
Pero, todo este proceso me llevo algunos años de entrenamiento. Al principio, las comunicaciones eran menos frecuentes, o al menos yo las ignoraba. Pero actualmente, casi no hay un momento en el día en el que no estemos charlando El y yo.
Swami me dice que todos tenemos la misma capacidad de escuchar Su voz. Supongo que se trata de acostumbrarse a la idea y de escuchar con atención.
Esta introducción fue para darles una idea del proceso creativo, pero este escrito es para contar una anécdota que Swami me dijo esta mañana que es importante.
Durante el periodo de dictado, las dudas me asaltaban constantemente. No es fácil escribir sobre temas de los cuales no se tiene ni la menor idea. El tema principal del libro es describir las actividades del proyecto en sus comienzos, cuando todavía no se llamaba Proyecto Narayana.
Pero se me ordeno contar ciertas cosas que lindan con el tema de la salud, y eso es muy delicado ya que nosotros no somos sanadores o nada que se le parezca.
A medida que avanzaba cada capítulo, Swami me iba dictando algunas recetas que luego se convirtieron en las formulas que hoy usamos en nuestro trabajo.
Luego de varios meses de labor, en los que Cristina, Nicolás y yo desarrollamos diferentes tareas, el libro se completo y llego el momento de presentárselo a Swami en nuestro templo.
El manuscrito estaba, en nuestra opinión, terminado y queríamos saber si contaba con la aprobación del Autor.
Yo le pedí a Baba que me diese una señal clara de su aprobación, si es que el trabajo contaba con ella.
La forma en la que Swami nos la dio, fue hermosa, pero tomo bastante tiempo. Una amiga nuestra, devota de Swami, me llamo por teléfono para interesarse por el progreso del libro y yo le conté en detalle cómo estaban las cosas.
Esta señora que nació en Sri Lanka, vive de una pensión que le da el gobierno australiano, dada su edad avanzada. Quiero decir que no es rica ni mucho menos. Ella de pronto me dijo, “Tienes que presentarle el libro a Swami.”
Como esa fue siempre la idea que tuvimos, le dije que sí pero no le di más importancia al asunto. Al final de la conversación, Kaliany seguía insistiendo en que ella sentía que el libro se publicaría en la India y me dijo que ella estaba dispuesta a solventar el gasto de la publicación.
Decidimos mandar el manuscrito en ingles al Trust de Publicaciones en Prashanthi Nilayam. La intención que teníamos era de presentarles el libro, pedir aprobación del Trust y, si la recibíamos, donaríamos nuestro trabajo a esta institución que dedica todos sus recursos de dinero e infraestructura a la construcción de escuelas, aldeas, universidades y cosas por el estilo.
Sabíamos que el libro sería altamente controversial, pero confiábamos en que si era aceptado, seria Swami mismo quien lo estaría recibiendo, y esa sería nuestra señal de aprobación más clara.
Algunas semanas más tarde, recibí un email proveniente del Trust, no solo aceptando el libro, sino además aclarando que no se permitirían correcciones de ningún tipo en el texto. Nuestra alegría fue muy grande, dado que todo este trabajo había sido, no solo difícil en cuanto al proceso de creación, sino además, por haber tenido que confiar en que yo había realmente recibido el libro en forma de dictado directamente de Swami. Esa idea, como es lógico, no le cae bien a mucha gente.
Entonces, con esa aprobación tan importante para nosotros, comenzó un nuevo proceso creativo, había que publicarlo y donarlo al Trust. Esto, entre los devotos de Sai Baba, se considera un gran honor. Que Swami nos permita contribuir de alguna manera a Su Misión de Amor Universal es, en nuestra opinión, como tocar el cielo con las manos.
Kaliany logro juntar el dinero para mandarme a la India a presentar el libro y me lo ofreció. Como nosotros sabemos que ella no es una persona de fortuna, le dijimos que lo pensara muy bien antes de tomar una decisión de esa magnitud. El viaje costaría unos $2000 australianos.
Las hijas de esta señora, también devotas de Swami, aportaron algún dinero y pudieron juntar el monto necesario para mi viaje. Kaliany estaba convencida de que Swami recibiría el libro “de alguna forma especial”.
Entonces, más o menos a mitad de año, en el 2008, me dispuse a viajar a la India por quinta vez, pero esta vez sin mi familia.
Al llegar al Ashram, luego de los consabidos tramites de conseguir alojamiento y revisación de pasaporte, me encontré ubicado en el edificio Norte 4 de Prashanthi Nilayam, la morada del Señor en la tierra.
A la mañana siguiente, muy temprano, me dispuse a ir al templo a recibir el Darshan de Swami. Al bajar las escaleras me entere que la noche anterior había habido cambio de seva-dals. Para los no iniciados, se les llama seva-dals a los voluntarios que cada quince días llegan a Prashanthi a realizar diferentes tareas para ayudar a mantener el lugar al que llegan miles de peregrinos de todo el mundo, todos los días.
El hombre joven me pidió que le diese mi nombre y país de procedencia para buscarme en su lista y así poder comprobar que yo estaba allí de forma legal.
Al darle mi nombre note que el seva-dal se veía asombrado. Me miro a los ojos con una gran sonrisa y me pregunto, ¿Es usted Víctor Daniel González de Australia?, a lo cual conteste que si, por supuesto.
¿Es usted el escritor del que Swami nos hablo hace seis meses?, me pregunto.
Entonces, esta vez fui yo quien quedo asombrado.
Le pedí que me explicara de qué estaba hablando, ya que no soy escritor, y mucho menos famoso como para que este hombre estuviese tan excitado.
“Yo hago mi Seva cada seis meses y la última vez que estuve aquí, el día que llegamos, Swami nos reunió a todos los que comenzábamos las dos semanas de trabajo. El nos conto que en seis meses, un escritor australiano llamado como usted, vendría al ashram con su libro, el cual trataba sobre Swami, y que El lo firmaría.”
Yo no podía controlar mis lágrimas. Estaba realmente emocionado al escuchar las palabras de este hombre que se veía tan emocionado como yo, al darse cuenta de que Swami les había contado algo que ocurriría en el futuro con tanto lujo de detalles.
Alguna vez he contado algunos pormenores de lo que ha sucedido desde que el libro llego a manos de dirigentes de la Organización Sai en Latinoamérica. Se me tildo de varias cosas, no muy agradables, tales como mentiroso entre otras. Pero, como yo había tenido la experiencia que acabo de narrar, todo lo que sucedió, aunque fue doloroso, no afecto mi fe, ni la de Cristina.
Swami no ha firmado el libro todavía. Ese honor se nos concederá a su debido tiempo, quizá cuando el libro se pueda finalmente publicar en castellano, mi idioma y el de mi padre. Dios dirá.
Aum Namoh Narayanaya.